Estás en Pausa

Despertó, y no una de esas veces en las que uno despierta así nada más, despertó y se sintió diferente, y no estaba seguro si era por la incapacidad de mover ni un músculo, o por sentirse como un imbécil luego de darse cuenta de que podía mover los ojos.

No le dio mucha importancia a la inmovilidad, y por mucha importancia me refiero a que después de unos minutos, al darse cuenta de que había despertado en medio de lo que parecía ser un bosque, le dio más peso a tratar de recordar cómo es que había llegado ahí.

Luego otra duda lo invadió, y es que, despertó, abrió los ojos y exhalo, una de esas veces que exhalas como si sintieras alivio pero sin sentirlo, me refiero a esas veces que parece que exhalas todo el aire, pero todo, absolutamente todo, y desde ahí, sus pulmones no parecían darle importancia al asunto de respirar, pensó que, tal vez, su  inmovilidad llegaba a tales extremos de tampoco poder respirar, pero luego de darse cuenta de que llevaba demasiado tiempo sin hacerlo, bueno, tampoco es que tuviera tanta importancia no respirar.

Así que se volvió a concentrar en la idea de averiguar en dónde estaba, bueno claro, sabía que era un bosque, no necesitas mucho tiempo para saber que un lugar así es un bosque, a menos que primero te detenga la idea de exhalar todo, absolutamente todo, luego la idea de la inmovilidad, luego la idea de una mínima movilidad, luego la idea de no respirar, luego la idea de no estar acostado en tu cama y luego la idea de haber despertado diferente, claro, si te pasara todo esto, tampoco tendrías el suficiente tiempo como para darte cuenta de que estas en un bosque, o analizar si verdaderamente es un bosque, aunque, si no tienes más remedio que mover los ojos y no ver lo que hay detrás, o cualquier lugar en dónde los ojos, humanos, no tengan el alcance, pensarás que es un bosque y ya.

Olvidé mencionar que estaba acostado de ladito en el suelo, sí, uno puede tener varias formas de acostarse, están claro, las clásicas, boca arriba y boca abajo, pero cuando uno duerme no siempre se acomoda entre estas dos clásicas posiciones, también uno puede acostarse colgando la mitad del cuerpo en el borde de la cama, o sobre muchas almohadas manteniendo la parte superior más elevada, o por supuesto, de ladito.

Y así estaba él, acostado de ladito, sin poder moverse, con la única posibilidad de mover los ojos, sin aire en el pecho, sin respirar, en medio de lo que parecía ser un bosque, en silencio.

Esto era completamente nuevo, en silencio, sí, si uno pone atención se dará cuenta de que ningún espacio está en silencio, siempre está un mínimo ruido, pero cuando uno escucha el silencio, vaya que uno se da cuenta de que no hay nada más hermoso y embriagante que eso mismo. Silencio.

Y entonces pudo escuchar cómo el silencio se rompía de manera inmediata al escuchar su propia voz, Silencio, volvió a repetir, y se sintió feliz por un momento, podía hablar.

Una cosa bastante ridícula, si uno se encuentra solo, en medio de un bosque, sin poder moverse, de que carajos le sirve únicamente hablar, hablar, ver y oír. Le tomó un tiempo decidir que decir a continuación, claro, estaban las típicas, Auxilio, ¿Hay alguien ahí?, Socorro, Ayúdenme, pero si uno esta en medio de un bosque sin poder moverse, ni respirar, bueno, uno se cuestiona si estas palabras servirán de algo; a pesar de no poder moverse, ni respirar, y estar perdido en medio de un bosque, él no sentía desesperación, ni alivio, era un estado intermedio que no podía describir, así que gritar alguna de las anteriores frases, no tenía sentido.

Pero no, no podía hablar, así es, escucho como su voz rompió el silencio, pero cuando uno está en silencio, y en silencio en toda la complejidad de la palabra, hasta el más mínimo pensamiento interrumpe ese silencio, es como si El Silencio, dependiera de que todo lo que existe al rededor, no fuera pensado ni estuviera pensando, y es que cuando he ido a algún bosque o selva, los árboles no paran de pensar, ni la hierba, ni las aves, ni los animales más salvajes, ni los menos salvajes, que decir de las piedras y de la tierra, que tantas cosas tienen para pensar, si uno fuera tan viejo como ellas, bueno pues, a uno no le queda nada más que pensar, y así era, el más mínimo pensamiento se transforma en un ruido, uno mínimo y, claro, varía de pensamiento a pensamiento, los pensamientos más profundos generan un sonido más, y digo más en toda la extensión de la palabra, más ligero, mientras que los pensamientos más absurdos generan el sonido más fuerte.

Y ahí estaba él, rompiendo el silencio con un pensamiento, escuchándolo tan claro como si estuviera gritando, pero es absurdo, y se tardó en comprender, es absurdo creer que uno puede hablar cuando uno no puede respirar, ¿de dónde? ¿Cómo sería eso posible?.

Entonces sus pensamientos comenzaron a rebotar por todos lados, creando ruidos ligeros y fuertes, entonces ese lugar parecía aterrador, y no sólo para él, no, que entonces llegaron como flotando, lo que parecían ser personas a su alrededor, lo miraban, lo miraban como si miraran al vacío, pero en medio de ese vacío, había un dejo de envidia, ternura y melancolía.

Y entonces despertó, con normalidad, pero despertó de estar despierto y a la vez dormido, no es una sensación fácil de digerir, ni de pensar, pero sabía que era algo absurdo, pensar en ello, hacer más ruido y entonces pudo moverse, todo excepto la mano derecha, y se preocupó.

Así, acostado de ladito, como estaba hace unos momentos pero ahora sintiendo, respirando, escuchando, se movió y descubrió al lado de él a la cosa más hermosa, más hermosa incluso que El Silencio, descubrió la vida, descubrió que estaba acostado en un cuarto que no era suyo, y que podía moverse, todo, excepto la mano, porque estaba sosteniendo en ella lo más hermoso de su mundo, estaba sosteniendo la vida y la muerte, el sonido y el silencio humano, estaba sosteniendo una mano con su mano, y una mano sostenía la suya, en un equilibrio perfecto.

Y entonces, haciendo el más ligero ruido, miró a la persona que estaba al lado, a quien tomaba de la mano, quien tomaba de su mano, sabía que esa persona, podía vivirlo o matarlo a su antojo, y cuando uno vive en la muerte y muere en la vida, de vivir sintiendo en un lugar en dónde es imposible hacer eso, y de morir dejando de sentir porque dos almas y dos cuerpos y dos mentes y dos respiraciones se armonizan tan perfectamente que desaparecen, descubrió que era inmortal. Descubrió que le amaba.

Julián Torres

Uno no puede hablar de Julián Torres sin recordar su cálida sonrisa, aunque, pensándolo bien, uno no puede ver una sonrisa sin recordar a Julián Torres.

Lo conocí en una fiesta, era el encargado de vender cervezas en una barra improvisada por dos mesas de “Corona”, tenía una facilidad increíble para servir una caguama en un vaso de unicel sin levantar espuma, uno agradece cuando esas cosas pasan. Cuando no estaba sirviendo, cobrando o bebiendo, lo veías malabarear con las botellas vacías, no es que pasara muy seguido, el lugar estaba repleto, sin embargo, siempre se daba el tiempo para jugar con lo que se encontrara, eso lo supuse el primer día que lo conocí y lo confirme cada vez que tenía el gusto de verle de nuevo.

Julián Torres se había mudado un par de semanas antes a la casa de al lado donde fue la fiesta de mi amigo Miguel Suárez (otra personalidad de la que hablaré más adelante), y escuchó por casualidad que estaba organizando su fiesta de cumpleaños, no sé, pero Julián Torres era una de esas personas que acostumbraba a estar en el lugar y hora indicadas, él le propuso a Miguel vender la cerveza a un precio moderado y darle un 20% de las ganancias, Miguel Suárez no tenía contemplada la idea de ganar dinero por esa fiesta, así que sin pensarlo accedió, cosa extraña pues Miguel Suárez es una de esas personas que no confía en la gente, ni en sus propios amigos y de repente ahí lo tienes, aceptando que un completo desconocido vendiera alcohol en su fiesta de cumpleaños, no me lo tomen a mal, pero es que vivir en la Ciudad de México y con tantas historias de bebidas adulteradas y violaciones lo ponen a uno a pensar, sobretodo a Miguel Suárez y ahí lo tienen, abriéndole las puertas de su casa a un completo desconocido, pues luego del trato, Miguel Suárez lo invitó a comer a su casa.

Julián Torres acababa de mudarse de Morelia, no pasaba desapercibido con ese acento tan peculiar, no tengo el gusto de conocer Morelia pero Julián Torres se encargaba de enamorarte cada que hablaba apasionadamente de su ciudad, uno podía pasar horas escuchándolo hablar sin tener ni ganas de decir palabra alguna, al principio creí que era cosa mía, luego me di cuenta de que era como un don especial que le habían concedido, uno de los tantos que tenía, otro por ejemplo era su risa contagiable, era una de esas risas que dan risa y al mismo tiempo te daba seguridad y confianza. Le bastaron un par de fiestas para convertirse en una de las personas más populares, al principio por el rumbo de Taxqueña, dónde vivía y luego te lo encontrabas en una u otra fiesta que no tenían nada en común, Julián Torres era así, una personalidad que lo tenía prácticamente todo y al mismo tiempo era imposible que alguien sintiera envidia por él.

Julián Torres no estudiaba, conseguía trabajos esporádicos, ya con la fama de buen barman conseguía constantemente vender cervezas en las fiestas de sus amigos, otras veces lo invitaban a mezclar música y entre semana lo veías trabajando en ésta o en aquella cafetería de Coyoacán o La Condesa que levantaba sus ventas gracias a él, con su carisma, su sonrisa y sus miles historias por contar. Siempre he sido una de esa personas a la que le interesa estudiar y prepararse para el futuro, una ocasión lo cuestioné a cerca de ello, él simplemente me contestó que a su manera de ver la vida lo único que le importaba era disfrutarla, que uno nunca sabe cuanto tiempo tiene de vida como para preocuparse por un futuro que no podía contemplar y que esa filosofía le había costado trabajo pero que al final era feliz, y tenía razón, uno podía verlo por la calle con una sonrisa natural dibujada en su rostro y sabías que él era feliz, con todo esto tampoco le resultaba la idea de crear relaciones más allá de la amistad, al principio pensábamos que era gay o algo así, siempre había algún chico que le coqueteaba y él tampoco parecía incómodo con la situación, debió ser parte de su filosofía de vida, así como había chicos había chicas por montón, alguna vez lo vimos besándose con una u otra, no le gustaba hablar al respecto, mantenía su vida privada completamente privada, nunca hablaba de su familia, tampoco habló de su vida en Morelia, se limitaba a hablar de la ciudad y de sus aventuras como turista en varios estados y pueblos o de sus tribulaciones en alguna fiesta, de sus múltiples trabajos o de sus aventuras en la secundaria o preparatoria truncada, siempre con un tono cómico, siempre con un tinte infantil, siempre hablando en singular.

En alguna ocasión que fui a visitarlo, se tomo un descanso y me invitó un café mezclado con infusiones herbales, invención suya que hasta la fecha no he podido recrear, y nos pusimos a platicar, me enseñó un papel ya gastado que tenía enumeradas varias actividades, se trataba de una lista llamada “Cosas que hacer antes de estar muerto”, un montón de cosas que sonaban desde increíbles hasta cotidianas, muchas con una enorme y firme línea que mostraba que ya estaban hechas, algunas tantas con rayones y correcciones y unas completamente limpias, era una lista enorme y me tome el tiempo para leer cada punto, esa fue, tal vez, la única ocasión en que se permitió contar algo personal, nunca lo supe enteramente pero creo que fui a la única persona que le mostró esa lista, sin embargo había una intención, requería de mi ayuda para cumplir algunos de los puntos.

El primero fue sencillo, se trataba de volar papalotes juntos que previamente hicimos un domingo de octubre, tenían que haberlo visto, era algo increíble estar volando algo que tu mismo hiciste, estuvimos un buen rato, a principio, probándolos y enfrentándonos al viento, cuando los papalotes estaban estables el tomo su lista y rayo un punto más.

Lo siguiente nos tomo tiempo planear, se trataba de una aventura, acampar en algún lugar y capturar luciérnagas, la buena noticia fue que logramos cumplir varios puntos: acampar, contar estrellas, beber agua del río para luego nadar en el y posteriormente tomar una ducha en una cascada, cosa rara y sencilla a simple vista, pero que resulto ser de lo más divertido y emocionante. Desgraciadamente no encontramos luciérnagas, pero le dije que aún había muchos lugares por recorrer, quedamos finalmente que sería una meta constante y un nuevo punto que en algún futuro cumpliríamos.

El futuro es esa historia que no se ha escrito y de la cuál nadie puede hablar sin mentir.

Julián Torres fue una persona como ninguna otra, una inolvidable, como pocas personas pueden jactarse de serlo. Uno puede ir por la vida conociendo gente y rara vez se encuentra con alguien así, un privilegio y una especie de desgracia, sí, porque cuando ya no está, todo el mundo parece cambiar, como si se tratara de una pieza clave en la maquinaria de la vida.

Los doctores le habían dado un tiempo que, ante su asombro, Julián Torres rebasó y por mucho, él sabía que iba a morir, todo el tiempo lo supo y aún así, fue capaz de entregarse enteramente a lo que le quedaba de vida sin cuestionarse ni un momento por qué le tocaba ese destino, y lo veías así por la calle caminar feliz, vivir feliz y morir feliz.

Julián Torres, sin querer, me dejo un legado de cosas por hacer, tome su lista, la amplié con cosas mías y deje como prioridad las que él nunca pudo hacer, como construir una casa en un árbol, un iglú, aprender a manejar, rodar en la hierba y, sobretodo, atrapar luciérnagas y contemplarlas por horas para finalmente soltarlas y verlas volar libres. Así era Julián Torres, una luciérnaga volando libre, una persona que llegó a mi vida para iluminarla… ¿Cómo no querer a alguien así?.

Cosas que hacer antes de estar muerto [O bien, cosas que no he tenido el valor de hacer]

Y con ustedes una lista de las cosas que hacer antes de estar muerto, que ás bien es una lista de las cosas que no he tenido el valor de hacer, ajá, así como el título lo dice.

  1. Aprender a manejar.
  2. Aprender a bailar salsa, cumbia y demás, como un profesional.
  3. Saltar del bungee.
  4. Ganar un festival de cine.
  5. Terminar mi tesis y mi cortometraje.
  6. Titularme.
  7. Salir a la calle un día que este lloviendo y mojarme completamente.
  8. Salir de la casa de mis padres.
  9. Cantarle a alguien una canción completa y tocarla en la guitarra.
  10. No temerle a decirle al chico que me gusta que me gusta.
  11. Asistir al concierto de Ely Guerra, Mike Sierra, Beirut, Natalia Lafourcade, Lady Gaga [Sí amigos, sí], The Maccabees, Adele, Austin Tv,  The Cinematic Orchestra, Phoenix, Jorge Drexler y (hasta el momento) Oh Land en primera fila.
  12. Aprender a cocinar postres.
  13. Enviarle a todos mis amigos una caja de galletas de navidad. En navidad.
  14. Bailar ballet, sólo unas clases.
  15. Bailar urbano, también sólo unas clases.
  16. Bajar de peso.
  17. Tener una mascota.
  18. Tener un huerto que produzca más de un tipo de legumbre.
  19. Conocer por lo menos el 80% de México.
  20. Ir a Disneyland.
  21. Conocer a Alessandro Baricco [Antes de que él se muera :S]
  22. Aprender Italiano y Francés.
  23. Ir solo al mar.
  24. Conocer 1000 cafeterías y 1000 restaurantes.
  25. Coger en un motel bien lujoso.
  26. Escribir un testamento.
  27. Plantar un Roble.
  28. Hacer un video porno casero.
  29. Escalar una montaña y gritar bien fuerte.
  30. Acampar en un lugar dónde habiten luciérnagas.
  31. Tener un amor de verano.
  32. Tener un hijo.
  33. Tener una foto de cada amigo que tenga, por supuesto tomar yo esa foto y tenerlas colgadas en una pared.
  34. Vivir por lo menos 1 año en algún otro país.
  35. Escribir un cuento para niños e ilustrarlo. [Por lo menos uno para mis hijos]
  36. Comprar un telescopio.
  37. Fotografiar cada lugar que he conocido y que conozco.
  38. Hacer mi testamento.
  39. Comerme una cubeta de helado.
  40. Bañarme en chocolate.
  41. Invitar a todos mis amigos a comer algo que yo haya preparado, de preferencia, inventado.
  42. Escribir por lo menos 20 cartas.
  43. Aprender a tocar el piano.
  44. Pintar un cuadro.
  45. Donar semen.
  46. Reír todos los días.
  47. Leer una novela en el lugar dónde sucedieron las cosas.
  48. Ver una puesta de sol desde una montaña.
  49. Hacer una parrillada en familia.
  50. Viajar en tren.
  51. Fumar marihuana.
  52. Plantar marihuana.
  53. Correr por una pradera hasta no poder más.
  54. Antrear bien masivo.
  55. Hacer un corto de animación yo solito.
  56. Fabricar mi propia cerveza.
  57. Besar tantas veces en un solo día que no pueda mover la boca al siguiente.
  58. Encontrarme a mi amigo Arturo.
  59. Viajar con mi amigo Axel.
  60. Ver crecer al bebé de mi amiga y vestirlo un día como yo quiera C:
  61. Tener un maratón de películas con mis amigos y otro con pareja.
  62. Volver a tocar con mi ex banda original.
  63. Ordeñar una vaca.
  64. Pasar unas vacaciones en el campo.
  65. Conocer a Joseph Gordon Levitt y declararle mi amor.
  66. Tener una pelea de palabras con una negra.
  67. Gastar un sueldo en un día de compras.
  68. Emborracharme con el mejor vino que pueda comprar.
  69. Rodar por la hierba en un algun valle.
  70. Hacer el amor en la arena, por más incómodo que sea.
  71. Volar en un globo.
  72. Adoptar a una ardilla.
  73. Curar a un animal enfermo.
  74. Operarme los ojos para poder usar lentes de sol.
  75. Comprar un rancho.
  76. Cocinar un pastel de bodas.
  77. Pasar navidad solo.
  78. No olvidar a la gente que quiero.
  79. Decirles que los quiero.
  80. Viajar por todas las lineas del metro de la ciudad.
  81. Aprenderme una buena canción en la guitarra.
  82. Asistir a un musical en Broadway.
  83. Apostar mucho dinero en las vegas.
  84. Correr en la nieve.
  85. Conocer a los pinguinos.
  86. Conocer Japón.
  87. Tener el mejor disfraz en Halloween.
  88. Reservar una sala de cine sólo para mis amigos.
  89. Estudiar algo más de cine.
  90. Escribir un guión de largometraje.
  91. Bucear y fotografiar bajo del mar.
  92. Participar en un musical.
  93. Viajar por la carretera sin rumbo fijo.
  94. Visitar el amazonas.
  95. Comprar muchos sabores de té.
  96. Comprarme una taza bonita para tomar café.
  97. Comprarme una cafetera.
  98. Pasar el fin de semana con el amor de mi vida, lo que sea que eso signifique, en algun lugar los dos solos.
  99. Construirle a mis hijos una casita del arbol.
  100. Construir en pareja un iglú.
  101. Mirar una aurora boreal.
  102. Planear mi boda y casarme y que sea un éxito.
  103. Ser feliz por lo menos un segundo al día.

¿Ustedes que creen? ¿basta con una lista a futuro o sería mejor crear una lista cada día?

Por lo pronto lo meditaré tomandome un té en una taza cualquiera, mientras ahorro diner para hacer todo lo enterior.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.