El fin del mundo, o más bien el fin de este blog.

febrero 1, 2013 § Dejar un comentario

Así es queridos suscriptores, dejo este blog que estaba ya muy cargado de borradores y de un montón de cosas que no vale la pena recordar, ni seguir tratando de componer y mejor empiezo de cero en un nuevo blog y ahora sí, cargándome una gran responsabilidad y esperando no tragarme mis palabras, será un blog que busque una constante actualización, olvidaré los post muy largos, a excepción del primero de cada mes, y me dedicaré a escribir lo que tenga en la mente que crea que pueda ser lo suficientemente bueno según mi criterio, porque para serles sincero, me daba un poco de miedo escribir solo unos párrafos en este blog, esperaba escribir una buena dosis de palabras o no me sentía contento, en fin, les digo, son miedo e incertidumbres las que cargo aquí y ya que estamos con la sinceridad a flor de piel, también quiero separarme un poco de Danii Ardilla, que creo que es más bien vulgar y choca un poco con la idea de este proyecto de letras.

Esto no significa que estoy abandonando a Danii Ardilla, más bien estoy dándole su lugar a cada cosa y poniéndole su respectivo nombre, etiquetando las cosas para no confundirme y ayudar a repar este corazón y este cuerpo y esta alma que ya se encuentra muy desgastada pero que al mismo tiempo tiene ganas de mojarse en aguas nuevas y profundas.

 

A ustedes que, aunque poquitos, siguen mi blog, espero también se den el tiempo de seguir el próximo, que ya tiene nombre y hasta un post.

 

http://soyfotografonoescritor.wordpress.com

Se aceptan sugerencias.

 

Gracias por leer

Danii Ardilla

Jakten, The Hunt o La Caza de Thomas Vinterberg

diciembre 27, 2012 § Dejar un comentario

Jakten

Estoy muy emocionado porque he empezado con cosas nuevas desde hace un poquito más de un mes y además acabo de regresar del cine.

Tengo que aceptar que amo ir al cine como no amo ninguna otra actividad en el mundo, me encanta esa sensación de cuando las luces se apagan en señal de que la película en breve comenzará, luego la película y al final siempre termino sintiéndome increíblemente bien.

El problema es que debo dejar de ser una esponja y comenzar a ser un filtro, no sé, me encantan todas las películas y eso ya no está bien, creo que debería ser más crítico con las cosas, no porque crea que sea superior, sino como un ejercicio para mejorar, mejorar en muchos aspectos.

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Aclaración postapocalíptica.

diciembre 23, 2012 § Dejar un comentario

Primero he de decir que quiero intentarlo de nuevo con el blog. Creo que es una de mis relaciones más tormentosas, o más bien, de las más difíciles, porque en verdad me gusta, me encanta escribir, pero muchas veces me pasa por la cabeza que no soy tan bueno escribiendo y lo dejo, pero me gusta y vuelvo, y entonces creo que mi blog personal ha pasado a la friendzone, pero aquí estoy nuevamente tratando de intentarlo. No sé, todo lo que no puedo hacer con una persona lo tengo aquí, porque en realidad me siento bastante libre escribiendo, hay muchos, muchísimos posts que no han llegado a ver la luz de internet, están ahí guardados como borradores porque creo firmemente que las cosas hay que sacarlas como sea, yo tengo unos cuantos métodos, una es llorar, lloro mucho y por muchas cosas, antes no lo hacía y llegaba un punto en el que explotaba y era muy deprimente explotar de esa manera, entonces ahora lloro por dosis pequeñas y por muchas cosas, creo que es mejor para mi, aunque a veces no pueda ser entendido, equis. Y la segunda forma es escribir, y escribir en el blog y publicarlo, significa que es algo que tengo que sacar y que va más allá de llorar. Entonces deben ser cosas muy cabronas en mi vida para que me atreva a publicarlo y luego lo tuitee o lo postee en Facebook, siempre quiero ser leído, es eso de que entre más personas lo elan, menos dolor tendré. Y funciona. Otra gran terapia es ir al cine. Otra es ver películas acostado en mi cama. Otra es correr y correr mucho hasta que ya no pueda más y luego echarme al pasto y ver al cielo.

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Mi vida después de ti

noviembre 8, 2012 § Dejar un comentario

Primero está el dolor, un dolor punzante en el alma y el corazón de cuando algo se ha roto por dentro y deja un vacío que se siente en estos momentos como algo imposible de reparar. Lo sé, no ha pasado ni un solo día, pero igual ya puedo contar mi historia sin ti, después de ti.

Luego está un dolor de estómago, combinado con mareo y náuseas, no sé a que atribuirle esto, o si la ruptura tiene la culpa, pero igual es más fácil justificar todo por eso que buscarle otra explicación que sea menos dramática, porque aquí estoy a las 5:48 de la mañana escribiendo y tomándome un té y una buscapina para ver si al menos puedo mejorar físicamente, además estoy aquí sin poder dormir y lo único que se me ocurre es escribir.

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Hoy es un día triste para el amor

agosto 28, 2012 § 1 comentario

Después de 12 años una relación termina y hasta donde yo me quedé, era una de esas relaciones envidiables y felices, llenas de risas, amor y todas esas cosas que uno piensa que pasa con los personajes en una comedia romántica una vez que termina. Era una relación que veía perfecta.

El amor trabaja de forma misteriosa y no creo que alguien sea capaz de entenderlo y razonarlo por completo.

Cuando voy solo viajando en el metro y la noche se asoma entre un espectáculo de colores, me da por pensar en lo infinito que quiero que sea el amor. Me he gastado mucho tiempo pensando en la persona ideal, en mi amor verdadero y de cómo este llegaría a mi vida y no se iría nunca y algún día nos veríamos como aquellos amantes eternos, los señores Frederiksen, y pienso en mil detalles que he visto en películas y me veo como uno de esos personajes. Como la vez que soñé despierto, en un día en un supermercado, que el amor de mi vida llegaba y me traía una caja de Chocokrispis porque sabía que eran mis favoritos y me abrazaba por la espalda, los dos parados frente al refrigerador de los helados tomando la decisión de cuál llevar a casa. O cuando soñé que me llevaban Mariachis a mi ventana y mi padre se molestaba y yo tenía que salir de la casa, pero no importaba porque al final terminábamos juntos en un departamento apenas amueblado con un sofá y un televisor y una colección gigantesca de películas. Soñé muchas veces con la perfección de una comida en casa, preparada por mi, y los dos comiendo en una mesa de madera mientras bebíamos vino tinto y reíamos en cámara lenta por alguna estupidez del trabajo o la vida diaria. Soñé despierto con viajes al bosque y a la playa, con autobuses y carretera y aviones y barcos.

La historia de Esteban y Eduardo terminó finalmente tras 12 años de amor. Es verdaderamente triste que las relaciones terminen de una manera tan contrastante como al final odiándose y sacando lo peor uno del otro, nadie puede culparlos, no es fácil terminar con algo.

Me han roto el corazón muchas veces y de muchas formas y de todo eso he comprendido y aprendido varias cosas que han sido, ligeramente, de provecho para mi.

De mi primera relación no hablo, ya he hablado demasiado, pero al final acabó así, él me odiaba y yo también y a la semana andábamos nuevamente, luego él me rompía el corazón y luego yo, así muchas veces por mucho tiempo entre periodos de llanto y odio. De ahí aprendí a que regresar con alguien es un sinónimo de fracaso rotundo.

Mi segunda relación duro cinco meses y fue muy bonita, los dos la recordamos de una manera agradable, entre crepas, mi banda, dibujos de autos y salidas por Coyoacán, también la recuerdo porque me llevó a Viveros y le dí de comer a las ardillas que al final me atacaron, fue un tiempo muy bonito que terminó de repente de un día al otro, un día me dijo que me quería y al siguiente estaba terminando conmigo en el Starbucks de Centro Coyoacán, y me regresé en metro sin saber que pensar escuchando una y otra vez “Ella es bonita”, que hasta la fecha me sigue haciendo sentir un poco mal, me tomo tiempo recuperarme, lo borré de todos los sitios posibles pero guardé las cosas que me dio en un cajón, que tiempo después encontré y vi con alegría y me fume un cigarro que me había regalado que para ese entonces sabía horrible. De esa relación aprendí cómo funciono después de una relación, y es que detesto terminar con una relación y ponerme ebrio y contarles a todos cada uno de los defectos que tenía la otra persona o lo imbécil que fue. Yo prefiero eliminarlo de mis contactos, sobretodo de Facebook, y dejar que el tiempo cure el corazón roto y después encontrarnos otra vez de la misma manera en que fue la primera, con amabilidad y con afecto, mas un bonito recuerdo. Ahora somos buenos amigos.

Mi tercera relación no fue exactamente una relación formal, nos conocimos en la Universidad y salimos por un tiempo, fue algo más pasional y sin embargo no dejó de herir mi corazón. Al corazón no le importa si llevan un título de novios o si son amantes de ocasión, acá las emociones se dan y ya. Nunca anduvimos porque él no quería nada serio conmigo ni con nadie, él no deseaba involucrar sentimientos pero si me reveló su historia, hasta que de repente empezó una relación con un chico que conoció en quien sabe dónde y yo me tuve que ir por la salida de emergencia, a borrarlo de Fb y a bloquearlo del Messenger y a hacer esas cosas que había aprendido que eran buenas para mi corazón. De esa relación aprendí que, aunque duela, a veces llegas a la vida de una persona solamente para volverse un colchón en su vida, llegas para darle pausa y play a su vida y tu te tienes que ir, aprendí que no siempre las cosas son como uno quiere, que las señales normalmente son malinterpretadas y que por más que quieras o le intentes, la gente se enamora de la persona que se tiene que enamorar y no siempre eres tu. Ahora somos buenos amigos.

Luego llego una relación horrible que duró como dos o tres meses y que nos vimos como 6 días en todo ese tiempo. De esa relación aprendí que no debo de intensear y también aprendí que, como estaba un poquito desesperado por todo este asunto de que llevaba mucho tiempo soltero, debía de valorar más el tiempo que paso conmigo mismo. Ahora somos amigos en Facebook.

Luego pasaron citas y salidas, algunas buenas, algunas malas y otras horribles. Pasó el chico que no le gustaba besar y que no quería nada formal, el chico que tenía un barro horrible debajo de la oreja, el chico que trataba de impresionarme, el que me dejó por otro chico en su cumpleaños, el chico que cambió las reglas de un día para el otro, el chico al que nunca tuve el valor para darle un beso, el chico al que le gustaba mi amigo, el que hablaba como niña y al que no le guste. Y de cada uno de ellos aprendí, algunos son mis amigos todavía y otros quedaron en el olvido.

Y cuando renuncié a todo, porque estaba harto de estas citas que no iban a ningún lado y decidí que iba a estar soltero por mucho tiempo… entonces lo conocí.

Esteban me marcó por teléfono hace unas horas para contarme de su ruptura, llevaban doce años pasándola bien, sin ninguna pelea que durara más de tres o cuatro días y siempre pensando en el futuro, en su futuro. Pero el futuro no es nada, no se puede confiar en él y es algo que quizá Esteban aprenda en esta ocasión. Lo más extraño es que después de tantos años, las cosas se van olvidando y aquello que tenía más fuerza, va disminuyendo, quizá no el amor, quizá no el sentimiento pero si las acciones pasadas, hace 10 años lo habían corrido de su casa por estar con él y Eduardo puso todo lo que pudo para que los dos pudieran salir adelante, y todo lo que vivieron, todo lo que contruyeron se desmoronó cual mazapán comprado en el metro luego de una infidelidad. Y quizá ya nunca regresen o quizá rompan mi regla numero uno de nunca regresar con alguien, y ellos superen eso como han enfrentado a la vida y sean felices para siempre.

Lo que sé es que hoy es un día triste para el amor.

Llevamos ya casi siete meses juntos, siete meses llenos de peleas y llanto, pero de muchas risas, besotes y abrazos, y mucha felicidad mezclada con un sabor extraño, en donde a veces ligeramente amargo. Pero él es un gran chico del que estoy aprendiendo mucho, al que quiero mucho y al que amo y el me corresponde. No corre a abrazarme cuando estoy frente a los helados, ni me lleva Mariachi a mi ventana, ni toma vino tinto, pero me toma de la mano cuando me asusto en el cine, y me marca en la madrugada de mi cumpleaños, y me invita al cine, y camina conmigo por reforma mientras comemos helado de yogurt o hamburguesas con queso, y cree en mi, y he pasado más momentos bonitos con él que con nadie en el mundo.

Sé que el amor es finito, y sé que, como vi hoy en ANTM, la perfección es aburrida, hasta los Frederiksen tuvieron sus problemas, pero mientras el futuro se vuelve presente yo sigo sintiendo, cada vez que nos besamos, que somos infinitos, y que el amor tiene un día más para estar sonriendo.

Estás en Pausa

enero 17, 2012 § Dejar un comentario

Despertó, y no una de esas veces en las que uno despierta así nada más, despertó y se sintió diferente, y no estaba seguro si era por la incapacidad de mover ni un músculo, o por sentirse como un imbécil luego de darse cuenta de que podía mover los ojos.

No le dio mucha importancia a la inmovilidad, y por mucha importancia me refiero a que después de unos minutos, al darse cuenta de que había despertado en medio de lo que parecía ser un bosque, le dio más peso a tratar de recordar cómo es que había llegado ahí.

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Julián Torres

diciembre 26, 2011 § 1 comentario

Uno no puede hablar de Julián Torres sin recordar su cálida sonrisa, aunque, pensándolo bien, uno no puede ver una sonrisa sin recordar a Julián Torres.

Lo conocí en una fiesta, era el encargado de vender cervezas en una barra improvisada por dos mesas de “Corona”, tenía una facilidad increíble para servir una caguama en un vaso de unicel sin levantar espuma, uno agradece cuando esas cosas pasan. Cuando no estaba sirviendo, cobrando o bebiendo, lo veías malabarear con las botellas vacías, no es que pasara muy seguido, el lugar estaba repleto, sin embargo, siempre se daba el tiempo para jugar con lo que se encontrara, eso lo supuse el primer día que lo conocí y lo confirme cada vez que tenía el gusto de verle de nuevo.

Julián Torres se había mudado un par de semanas antes a la casa de al lado donde fue la fiesta de mi amigo Miguel Suárez (otra personalidad de la que hablaré más adelante), y escuchó por casualidad que estaba organizando su fiesta de cumpleaños, no sé, pero Julián Torres era una de esas personas que acostumbraba a estar en el lugar y hora indicadas, él le propuso a Miguel vender la cerveza a un precio moderado y darle un 20% de las ganancias, Miguel Suárez no tenía contemplada la idea de ganar dinero por esa fiesta, así que sin pensarlo accedió, cosa extraña pues Miguel Suárez es una de esas personas que no confía en la gente, ni en sus propios amigos y de repente ahí lo tienes, aceptando que un completo desconocido vendiera alcohol en su fiesta de cumpleaños, no me lo tomen a mal, pero es que vivir en la Ciudad de México y con tantas historias de bebidas adulteradas y violaciones lo ponen a uno a pensar, sobretodo a Miguel Suárez y ahí lo tienen, abriéndole las puertas de su casa a un completo desconocido, pues luego del trato, Miguel Suárez lo invitó a comer a su casa.

Julián Torres acababa de mudarse de Morelia, no pasaba desapercibido con ese acento tan peculiar, no tengo el gusto de conocer Morelia pero Julián Torres se encargaba de enamorarte cada que hablaba apasionadamente de su ciudad, uno podía pasar horas escuchándolo hablar sin tener ni ganas de decir palabra alguna, al principio creí que era cosa mía, luego me di cuenta de que era como un don especial que le habían concedido, uno de los tantos que tenía, otro por ejemplo era su risa contagiable, era una de esas risas que dan risa y al mismo tiempo te daba seguridad y confianza. Le bastaron un par de fiestas para convertirse en una de las personas más populares, al principio por el rumbo de Taxqueña, dónde vivía y luego te lo encontrabas en una u otra fiesta que no tenían nada en común, Julián Torres era así, una personalidad que lo tenía prácticamente todo y al mismo tiempo era imposible que alguien sintiera envidia por él.

Julián Torres no estudiaba, conseguía trabajos esporádicos, ya con la fama de buen barman conseguía constantemente vender cervezas en las fiestas de sus amigos, otras veces lo invitaban a mezclar música y entre semana lo veías trabajando en ésta o en aquella cafetería de Coyoacán o La Condesa que levantaba sus ventas gracias a él, con su carisma, su sonrisa y sus miles historias por contar. Siempre he sido una de esa personas a la que le interesa estudiar y prepararse para el futuro, una ocasión lo cuestioné a cerca de ello, él simplemente me contestó que a su manera de ver la vida lo único que le importaba era disfrutarla, que uno nunca sabe cuanto tiempo tiene de vida como para preocuparse por un futuro que no podía contemplar y que esa filosofía le había costado trabajo pero que al final era feliz, y tenía razón, uno podía verlo por la calle con una sonrisa natural dibujada en su rostro y sabías que él era feliz, con todo esto tampoco le resultaba la idea de crear relaciones más allá de la amistad, al principio pensábamos que era gay o algo así, siempre había algún chico que le coqueteaba y él tampoco parecía incómodo con la situación, debió ser parte de su filosofía de vida, así como había chicos había chicas por montón, alguna vez lo vimos besándose con una u otra, no le gustaba hablar al respecto, mantenía su vida privada completamente privada, nunca hablaba de su familia, tampoco habló de su vida en Morelia, se limitaba a hablar de la ciudad y de sus aventuras como turista en varios estados y pueblos o de sus tribulaciones en alguna fiesta, de sus múltiples trabajos o de sus aventuras en la secundaria o preparatoria truncada, siempre con un tono cómico, siempre con un tinte infantil, siempre hablando en singular.

En alguna ocasión que fui a visitarlo, se tomo un descanso y me invitó un café mezclado con infusiones herbales, invención suya que hasta la fecha no he podido recrear, y nos pusimos a platicar, me enseñó un papel ya gastado que tenía enumeradas varias actividades, se trataba de una lista llamada “Cosas que hacer antes de estar muerto”, un montón de cosas que sonaban desde increíbles hasta cotidianas, muchas con una enorme y firme línea que mostraba que ya estaban hechas, algunas tantas con rayones y correcciones y unas completamente limpias, era una lista enorme y me tome el tiempo para leer cada punto, esa fue, tal vez, la única ocasión en que se permitió contar algo personal, nunca lo supe enteramente pero creo que fui a la única persona que le mostró esa lista, sin embargo había una intención, requería de mi ayuda para cumplir algunos de los puntos.

El primero fue sencillo, se trataba de volar papalotes juntos que previamente hicimos un domingo de octubre, tenían que haberlo visto, era algo increíble estar volando algo que tu mismo hiciste, estuvimos un buen rato, a principio, probándolos y enfrentándonos al viento, cuando los papalotes estaban estables el tomo su lista y rayo un punto más.

Lo siguiente nos tomo tiempo planear, se trataba de una aventura, acampar en algún lugar y capturar luciérnagas, la buena noticia fue que logramos cumplir varios puntos: acampar, contar estrellas, beber agua del río para luego nadar en el y posteriormente tomar una ducha en una cascada, cosa rara y sencilla a simple vista, pero que resulto ser de lo más divertido y emocionante. Desgraciadamente no encontramos luciérnagas, pero le dije que aún había muchos lugares por recorrer, quedamos finalmente que sería una meta constante y un nuevo punto que en algún futuro cumpliríamos.

El futuro es esa historia que no se ha escrito y de la cuál nadie puede hablar sin mentir.

Julián Torres fue una persona como ninguna otra, una inolvidable, como pocas personas pueden jactarse de serlo. Uno puede ir por la vida conociendo gente y rara vez se encuentra con alguien así, un privilegio y una especie de desgracia, sí, porque cuando ya no está, todo el mundo parece cambiar, como si se tratara de una pieza clave en la maquinaria de la vida.

Los doctores le habían dado un tiempo que, ante su asombro, Julián Torres rebasó y por mucho, él sabía que iba a morir, todo el tiempo lo supo y aún así, fue capaz de entregarse enteramente a lo que le quedaba de vida sin cuestionarse ni un momento por qué le tocaba ese destino, y lo veías así por la calle caminar feliz, vivir feliz y morir feliz.

Julián Torres, sin querer, me dejo un legado de cosas por hacer, tome su lista, la amplié con cosas mías y deje como prioridad las que él nunca pudo hacer, como construir una casa en un árbol, un iglú, aprender a manejar, rodar en la hierba y, sobretodo, atrapar luciérnagas y contemplarlas por horas para finalmente soltarlas y verlas volar libres. Así era Julián Torres, una luciérnaga volando libre, una persona que llegó a mi vida para iluminarla… ¿Cómo no querer a alguien así?.

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